Cuando hablamos de arte en la actualidad, ya no nos referimos a la clásica concepción en la que aquel es dinamizado y creado por pequeños grupos elitistas. Mucho menos la concepción de un arte producido bajo una perspectiva unidireccional, en el que se desarrollan procesos dialecticos y hegemónicos trasmitidos por medio de la representación. Lejos de estas concepciones, las artes plásticas  se han convertido en  un vehículo para indagar y mostrar realidades con visión crítica de los entornos culturales.

La producción artística abrió la posibilidad de generar nuevas alternativas para su producción y difusión, lejos de los círculos mercantiles artísticos de la modernidad. Esto conlleva una marcada ruptura con los paradigmas tradicionales del arte e implicó también la apertura de los nuevos artistas plásticos hacia otras disciplinas y espacios de enunciación: la mirada se desplaza hacia lo cotidiano, lo efímero, y los lugares en que pueden manifestarse las llamadas “minorías” culturales. Generó también un proceso de apertura hacia la producción artística de colectivos, profundizando la reflexión y la producción desde una visión a la vez local y regional.

En este sentido, las manifestaciones artísticas de los últimos tiempos, nos muestran que la experiencia estética resulta cada vez más una experiencia investigativa y participativa. Las manifestaciones artísticas, sacuden al espectador, lo desafían, lo incomodan, pero también lo incluyen, lo vuelven parte de sí.

El arte de hoy toma en cuenta el proceso de trabajo, la participación y presencia de la micro-comunidad a las vez productora y receptora. Crea así, en el interior de su modo de producción, y luego, en el momento de su exposición, una colectividad de espectadores-partícipes, interpelando al sujeto en un proceso de construcción dialógica que propicia posibles cambios en la concepción del mundo, implicando una ruptura de paradigmas y un eventual “despertar” del sujeto ante las condiciones que constriñen realidades conflictuales (Bourriaud 2013, 71).

Esta apertura, implica también el cuestionamiento de la misma figura del “artista”, dando cabida a la presencia de actores culturales tradicionalmente vinculados con lo “popular”, lo “artesanal” o lo “folclórico”. Ejemplo de ello son los  productores culturales de Tigua o de Esmeraldas, cuyas producciones trasciendes estas divisiones y fomentan reflexiones desde la cotidianidad local.

Las manifestaciones artísticas se convierten así en espacios de encuentro al tejer lazos entre individuos y grupos. A través de la investigación, la experimentación y distintos grados de acercamiento a sus realidades, se sustentan en el trabajo con los imaginarios, tradiciones, costumbres históricas y contemporáneas, promoviendo el cambio de una representación paternalista de lo popular desde una mirada  occidental hegemónica, a prácticas artísticas que toman a lo popular y cotidiano como una herramienta crítica frente a temáticas de índole social.


Coorganizan 

logo completo 200mp.jpg
logo MCYP.png
 
museo ibarra.jpg
LogoRunaEstudio-01.png